La constitución de Zabalgarbi en 1993 marcó el inicio de la larga carrera emprendida por la Diputación en pos de la construcción de una planta incineradora de basuras en Bizkaia. A lo largo de este tiempo la política impositiva desplegada por el Departamento que diriguía Mª Esther Solabarrieta .
Desde que la oposición, iniciada en Erandio y posteriormente aglutinada en torno a Bizkaia Bizirik, liderase la lucha contra este horno, numerosos han sido los informes médicos, científicos y económicos que se han decantado en contra de la incineración. Las implicaciones ambientales y sanitarias que planean sobre esta tecnología (emisión de dioxinas y furanos, producción de un alto volumen de cenizas y escorias,...) debiesen ser razón más que suficiente para paralizar cualquier propósito incinerador y apostar decididamente por las 3 Erres: Reducir, Reutilizar y Reciclar.
LA INCINERACION DE RSU
La incineración de residuos sólidos urbanos es un proceso de combustión controlada que se lleva a cabo en las plantas incineradoras de R.S.U., mediante la cual se incinera la fracción combustible de los residuos, dando lugar a diversos productos residuales, bien sean sólidos (escorias y cenizas), líquidos (aguas residuales) o gaseosos (gases de combustión). La presencia de todos estos productos residuales hace que la incineración no se pueda considerar un sistema de eliminación de los residuos, sino que sólo es una forma de tratamiento, que conlleva posteriores procesos de depuración del agua y los gases y de vertido de las escorias. Como sistema de tratamiento su ventaja radica en que logra una reducción en el peso y volumen de los residuos, que puede suponer como máximo el 70% en el peso y del 80 al 90% (*) en el volumen, en función del contenido de materiales combustibles e inertes presentes en los residuos.
PROCESO DE LA INCINERACIÓN
La recepción de los camiones de recogida tiene lugar en la báscula de entrada a las instalaciones, donde se efectúa el control de las cantidades de residuos introducidas. El flujo de llegada de camiones en la futura incineradora de Erandio puede llegar a alcanzar los 60 camiones/hora, lo que supone un sustancial incremento de los problemas de tráfico en la zona. A continuación los camiones se dirigen al foso de almacenamiento de residuos, donde vierten la carga desde una plataforma de maniobra. El foso de almacenamiento está dimensionado para contener los residuos producidos durante 3 ó 4 días, en previsión de paradas y averías de la instalación. Estas paradas suponen como mínimo en torno al 15% del tiempo total teórico de funcionamiento de los hornos. El foso de almacenamiento está cubierto, para impedir el contacto de los residuos con el viento o la lluvia. Los malos olores que se desprenden de los residuos amontonados se captan aspirando el aire del foso mediante ventiladores. Este aire aspirado se inyecta en el horno para ayudar a la combustión, y se denomina aire primario de combustión. Los residuos son trasladados desde el foso de almacenamiento hasta la tolva de carga del horno por medio de un puente-grúa. Desde esta tolva caen los residuos hasta el horno a través del conducto de alimentación, el cual está refrigerado por agua para prevenir la subida de las llamas o un recalentamiento excesivo de dicho conducto.
La combustión de los residuos es una reacción química que se produce en presencia de oxígeno, provocando desprendimiento de calor. Por lo tanto necesita el aporte de aire, así como de un combustible auxiliar para comenzar la incineración (gas-oil) y otro combustible (fuel-oil) para mantenerla dentro de unos parámetros marcados por la normativa vigente, que son: a) Garantizar en todo momento la presencia de al menos un 6% de oxígeno, para lo cual se insufla aire en exceso entre el 200-400% respecto del teóricamente necesario. b) Mantener una temperatura de combustión mínima de 850°C; es decir, si los residuos no tienen el suficiente poder calorífico para ello, la combustión se ayuda del gas-oil para mantener dicha temperatura. c) Mantener los gases de la combustión al menos 2 segundos (tiempo de residencia) en el interior de la cámara de combustión, con el fin de que se mezclen bien con el aire y el combustible, y se quemen completamente. Los residuos caen desde la tolva al interior del horno incinerador, el cual consta de tres partes: emparrillado, cámara de combustión y cámara de postcombustión. Al emparrillado, situado en la parte inferior, caen los residuos cargados por la tolva. A través de las parrillas se insufla el aire primario de combustión, que en un primer instante seca los residuos. El emparrillado está inclinado, por lo que los residuos van desplazándose a medida que se van quemando. El proceso de combustión propiamente dicho tiene lugar en la cámara de combustión, que se encuentra encima del emparrillado. Esta cámara está revestida de un material refractario, para mantener el calor. Por encima del emparrillado se insufla aire secundario, necesario para alimentar la combustión. Las escorias y cenizas producidas recogen en el emparrillado, cayendo a la tolva de recepción de escorias. Los gases resultantes de la incineración pasan a la cámara de postcombustión, donde son incinerados nuevamente para eliminar los residuos volantes inquemados que han arrastrado consigo. Esto supone la utilización de más combustible auxiliar (fuel-oil) para ello.
Depuración de gases
Los gases que salen del horno de incineración tienen una temperatura muy alta, son altamente contaminantes y fuertemente corrosivos. Si se les hace pasar por una caldera para recuperar el calor que poseen y producir vapor de agua, atacan y corroen los tubos de dicha caldera, produciendo continuas averías que obligan a parar frecuentemente los hornos. Tras atravesar la caldera los humos y gases pasan al sistema de depuración, todavía a una temperatura de 200-250°C. La instalación de depuración posee los siguientes elementos: a) Inyección de una disolución de amoniaco en el propio horno de incineración, con el fín de convertir los óxidos de nitrógeno (NOx) en nitrógeno y agua. La efectividad de esta eliminación no es superior al 80%, emitiéndose el resto de los NOX por la chimenea. b) Neutralización de gases ácidos (HCl, HF, S02) mediante el lavado de los mismos con una disolución de lechada de cal (Ca(OH)2), que se dosifica a través de duchas. Estas duchas suelen atascarse con la propia cal, de modo que si no se limpian a menudo dejan de cumplir su función. Además en el proceso de lavado se generan residuos sólidos compuestos por diversas sales, óxidos y metales pesados, que caen al fondo de la instalación y son retirados posteriormente. c) Inyección de una mezcla de carbón activo y lechada de cal tras el paso de los gases por el lavador, con el fin de eliminar los metales pesados y compuestos organoclorados (dioxinas y furanos). d) Filtración del polvo y cenizas volantes mediante filtros de mangas, las cuales están constituídos por un tejido filtrante sobre el que se depositan las partículas, las cuales posteriormente caen al fondo de la instalación y son retiradas. Todos los residuos sólidos producidos en el sistema de depuración de gases se almacenan en un depósito aparte, separados de las escorias y cenizas. Estos residuos poseen concentraciones muy altas de metales pesados, dioxinas, furanos y otros compuestos nocivos; en consecuencia poseen carácter tóxico y peligroso, y no pueden llevarse a ningún vertedero.
(N. de R.: Las emisiones de las incineradoras (entre ellas las peligrosísimas dioxinas y furanos) han sido tratadas en otros artículos de Matxinsalto por lo que no se alargará la explicación de este punto) Tratamiento de escorias y cenizas
Los principales residuos sólidos que se producen en la incineración son las escorias y cenizas. Estos residuos se depositan en el emparrillado del horno, el cual los traslada hasta el sistema de extracción de escorias, donde se procede a su enfriamiento y evacuación del horno. El enfriamiento de las escorias suele hacerse por inmersión en una balsa de agua, siendo trasladadas posteriormente mediante una cinta transportadora hasta la zona de almacenamiento final. Habitualmente también se lleva a cabo la separación de los elementos metálicos contenidos en estos residuos, mediante un separador magnético. Las escorias y cenizas son productos que se presentan en forma de bloques o polvo. Su punto de fusión suele estar entre 1.100 y 1.200°C; por encima de esta temperatura se vuelven pastosas, solidificándose al enfriarse posteriormente. A este proceso se le denomina mineralización o vitrificación. Las escorias de los hornos de incineración sufren en mayor o menor medida este proceso de mineralización, dependiendo de la temperatura alcanzada en el interior del horno. Sin embargo esta mineralización en ningún caso es completa, puesto que la fusión de la escoria en el interior del horno obstruiría los mecanismos de la instalación, ocasionando averías graves. En consecuencia se puede considerar que las escorias que salen del horno no son inertes. Un estudio de la Viceconsejería de Medio Ambiente del Gobierno Vasco (l) sobre 6 muestras de escoria de diversas incineradoras de R.S.U. indica que el 16,7% de ellas presentan una ecotoxicidad moderada (ensayos de bioluminiscencia e inhibición) y que el 92% de las muestras presentan tales concentraciones de metales pesados y aniones que les confieren carácter de residuos peligrosos o muy peligrosos. Por lo tanto las escorias y cenizas de la incineradora de R.S.U. de Erandio deberán ser caracterizadas para poder determinar su grado de toxicidad. A la luz de los resultados anteriores es muy probable que su carácter sea tóxico y peligroso, en cuyo caso no podrán ser depositadas en ningún vertedero, y deberán ser llevadas a un depósito de seguridad para residuos tóxicos y peligrosos. Otro problema habitualmente soslayado es la necesidad de depurar las aguas de la balsa de enfriamiento de escorias y cenizas. Estas aguas residuales, junto con los lixiviados de la fosa de almacenamiento de basuras, contienen en su composición metales pesados, sales disueltas, materia orgánica y posiblemente las omnipresentes dioxinas.
LA RECUPERACION DE ENERGIA
Si los residuos sólidos urbanos que se incineran tienen el suficiente poder calorífico y el volumen anual de residuos incinerados es lo bastante grande, se puede efectuar una recuperación de la energía calorífica contenida en los gases de combustión para generar electricidad, como sucede en la futura incineradora de Erandio. En la práctica parece que la recuperación energética no es rentable en instalaciones con un volumen de tratamiento anual inferior a las 50.000 Tm de residuos. La planta de Erandio quemará 460.000 Tm/año, por lo que en principio es viable, siempre y cuando el poder calorífico de los residuos sea lo suficientemente elevado. El poder calorífico de los residuos es la capacidad que éstos tienen de producir energía calorífica (calor). Dependiendo de la composición de los R.S.U., éstos tendrán mayor o menor poder calorífico (PCI). En concreto el PCI de los residuos es aportado sobre todo por los materiales combustibles (papel, cartón, plástico, madera, textiles), mientras que la materia orgánica, metales y escombros apenas aportan nada. Las basuras generadas en Bizkaia tienen un poder calorífico menor que las europeas o americanas, puesto que en nuestro país se consumen más alimentos frescos y la cantidad de envases (papel, cartón, plástico, latas) también es más reducida. Por ello, y a pesar de que las tendencias de consumo comienzan a equipararse, en nuestros R.S.U. hay una mayor proporción de materia orgánica y menor de papel, cartón y plástico que en los países más desarrollados. En consecuencia se pueden extraer dos conclusiones fundamentales: lª El poder calorífico de las basuras de Bizkaia es de unas 2.000 kcal/kg, frente a las 2.500-3.000 kcal/kg que poseen las basuras europeas o americanas. Dado que es en estos países donde se han instalado la mayor parte de las incineradoras con recuperación de energía, hay que pensar que la incineradora de Erandio debería ser menos eficiente que aquellas en la producción de energía eléctrica. 2ª Al no ser el poder calorífico de los R.S.U. de Bizkaia demasiado alto, la separación selectiva de materiales combustibles como el papel y el cartón imposibilitaría la incineración a las altas temperaturas requeridas, a no ser que se utilizase combustible auxiliar (fuel-oil) de continuo.
Producción de energía eléctrica
La energía calorífica contenida en los gases procedentes de la incineración se puede utilizar para los siguientes usos:
El proyecto Zabalgarbi Como se ha explicado en el apartado de la depuración de gases, los humos que salen del horno de incineración son muy corrosivos, provocando frecuentes averías en la caldera de vapor. En consecuencia la mayor parte de las incineradoras tienen unos rendimientos de generación de energía eléctrica como máximo del 20%. El sistema Zabalgarbi, bajo el pretexto de evitar los problemas de corrosión, genera vapor a partir de los gases de incineración con sólo 300°C de temperatura. Posteriormente los recalienta hasta 500°C en una caldera de recuperación, utilizando para ello continuamente fuel-oil y gas natural en cantidades tales que se puede considerar que la planta de Erandio es una central térmica convencional, puesto que emplea los siguientes combustibles: Gas natural: 17.766 T.E.P. (Toneladas Equivalentes de Petróleo).. Fuel-oil: 5.960 T.E.P. Residuos urbanos: 12.090 T.E.P. Es decir, los residuos urbanos constituyen sólo un 33% del combustible que se va a emplear en la planta incineradora. El otro 67% son comb ustibles fósiles (fuel-oil, gas-oil y gas natural). La cogeneración La cogeneración es una práctica cada vez más extendida que consiste en aprovechar el calor residual de cualquier instalación industrial para producir a la vez vapor o energía eléctrica, empleando ese vapor o electricidad en la propia instalación y vendiendo el excedente a las empresas del sector eléctrico, que de este modo no tienen que suministrar energía, sino que la compran, con el consiguiente ahorro energético que ello conlleva para el país. También las incineradoras de residuos urbanos están incluidas dentro de las instalaciones potencialmente cogeneradoras, y por lo tanto pueden acceder al título de autogenerador que concede el Ministerio de Industria y Energía, necesario para poder vender al sector eléctrico la electricidad producida. El precio de venta del Kwh es alto y la empresa eléctrica está obligada a comprar esa energía. Sin embargo la Ley limita a 100 Mw la potencia eléctrica neta que debe tener la instalación para poder ser autogenerador. Aquella planta que supere esa cantidad no puede acceder al título de autogenerador, puesto que las empresas eléctricas se verían obligadas a comprar grandes cantidades de energía a un precio mayor del que se encuentra en el mercado. La incineradora de Erandio tiene previsto producir unos 180 Mw de potencia, debido a la utilización "camuflada" de combustibles fósiles en la planta, con lo que no podría acceder a la condición de autogenerador. A pesar de ello el Departamento de Industria del Gobierno Vasco ya se la ho concedido. Por si esta estratagema no funcionase, se ha previsto dividir la planta en dos iguales de 90 Mw de potencia cada una, con el fin de cumplir la legislación. Un factor muy importante a tener en cuenta en este tema es que la energía eléctrica (el 10% de la consumida en Euskadi) sería adquirida por Iberdrola para conectarla a la red general. El problema es que en la actualidad la energía se importa muy barata de Francia (energía nuclear), con lo que ya hay 3 centrales paradas o a medio funcionamiento (Santurtzi, Pasaia y Burtzena); es decir, sobra energía eléctrica. En resumen se puede concluir que la puesta en marcha de la incineradora de Erandio implicaría la construcción de una nueva central térmica, que básicamente funcionaría con combustibles fósiles, al igual que las ya actuales. Y dado que las actuales se encuentran paradas, no parece necesario construir una nueva con el pretexto de incinerar los residuos urbanos.
a.--aspectos técnicos b.-éticos c.-legales d.-económicos El acuerdo suscrito 10 de octubre de 2001 entre la Sociedad Pública Foral Garbiker y la empresa Zabalgarbi para la incineración durante 20 años de una buena parte de las basuras urbanas generadas en el territorio vizcaíno disipa definitivamente cualquier duda en relación al consabido interés foral por este proyecto y supone la plasmación contante y sonante de uno de los objetivos principales del Plan integral de gestión de RSUs aprobado en las Juntas Generales de Gernika en 1997: quemar residuos. De aquel tiempo a esta parte el Departamento de Medio Ambiente que dirige Mª Esther Solabarrieta ha agilizado de una manera tan rápida como irregular toda la tramitación burocrática referente a este proyecto, pese a que en ningún momento haya podido atisbarse el más mínimo dato acerca de las cuentas de esta controvertida y antisocial infraestructura. Ni el ilegal Plan Especial del proyecto, ni su Estudio de Impacto Ambiental han servido para arrojar luz alguna acerca de la rentabilidad económica de Zabalgarbi. No hablemos ya de su rentabilidad ambiental y social. De esta manera la ciudadanía ha visto hurtado su derecho a conocer de primera mano las previsiones financieras de una empresa que prevé dilapidar muchísimo dinero de las arcas públicas. Todo apunta a que el desembolso inicial de 25.000 millones de pesetas previsto por la puesta en funcionamiento de la planta se verá superado con creces por toda una serie de gastos suplementarios que, hasta la fecha, aún siguen sin ser contemplados. En los citados informes del proyecto, por poner un ejemplo, no se estima partida financiera alguna para hacer frente a la gestión del gran volumen de cenizas y escorias que generará este horno crematorio cuyo objetivo, no lo olvidemos, es incinerar 228.000 toneladas anuales de basuras. Evidentemente la falta de concreción por parte del ente foral en la gestión y financiación futura de los "daños colaterales" que Zabalgarbi causará al Medio Ambiente del Gran Bilbao repercutirá exclusivamente en el bolsillo de todos y todas las vizcaínas. El ejemplo del enorme gasto público invertido en la descontaminación del lindane esparcido por toda la geografía vizcaína en el pasado bien puede ser considerado como un precedente de lo que nos puede deparar este proyecto en el futuro. La Diputación vizcaína se ha aferrado permanentemente a esa composición semi-pública (45%) y semi-privada (55%) de la empresa para tratar de defender la viabilidad económica de una planta que, ya desde su creación, ha estado marcada por la fluctuación y la falta de patrocinadores claros. Tras varios cambios dentro de la composición de su accionariado, la Diputación foral sólo ha conseguido atraer la participación privada de tres entidades que, obviamente, tienen mucho que ganar dentro del desarrollo de esta infraestructura: La firma francesa Vivendi (25%), asociada a procesos de gestión y privatización del servicio de aguas y basuras en múltiples países; la ingeniería Sener (25%), adjudicataria de las obras de construcción del horno; y la BBK (5%). La sustitución del banco holandés ABN Amro, entidad encargada de la gestión del préstamo del proyecto mediante la fórmula proyect finance, por una amplia "ensaladilla" de entidades financieras (SCH, CajaMadrid, Crédit Agricole, Caixa Catalunya, Bancaja,...) durante el pasado año y el incremento del valor de esa hipoteca de 18.000 a 21.000 millones de pesetas son una nueva muestra de la insolvencia y de la falta de liquidez del proyecto. A los 1.300 millones de pesetas aportados hasta la fecha por el ente foral sólo se suman sendas subvenciones con cargo al programa Euskadi XXI (2,5 millones de euros) y de la Unión Europea (3 millones de euros). Nada se sabe hasta la fecha de la participación aliquota de los socios privados en los importantes gastos que ya se están dando con motivo del inicio de las obras. Y tampoco parece que la venta de los 90 MW a generar por la planta vaya a suponer una fuente de ingresos importante, máxime tras la aprobación de la Ley del Sector Eléctrico de 1997 que plantea un descenso considerable del valor de la energía producida por los productores en Régimen Especial. Tal es el caso de Zabalgarbi. La privatización de las basuras en el horizonte El canon de tratamiento de basuras se configura, por tanto, como la principal vía de financiación de este proyecto. El convenio firmado entre la mayor parte de los ayuntamientos de Bizkaia y la sociedad pública Garbiker durante el período en el que la incineradora prevé estar en funcionamiento establece un notable encarecimiento de los costes de tratamiento y transporte de los RSUs y confiere al ente foral poder absoluto para llevar a cabo una gestión cada vez más encaminada hacia su privatización. Un encarecimiento que en 1997 era estimado por la Diputación vizcaína en 6.000 pesetas/Tm y que ya hoy en día el contrato suscrito entre Garbiker y Zabalgarbi cifra en 9.100 pesetas/Tm. Lógicamente la falta de solvencia del proyecto antes mencionada será enmendada de acuerdo a un notable incremento del 50% del coste del servicio con respecto a lo estimado hace cinco años. Solabarrieta ha intentado argumentar esta notable subida en base a la adecuación de los vertederos vizcaínos a la nueva Directiva europea cuando son la centralización de la gestión de RSUs en manos de Garbiker, por una parte, y la entrada en funcionamiento de Zabalgarbi en 2004, por otra, las principales razones de la misma. Los municipios y mancomunidades ven, así, arrebatadas todas las competencias que la ley les atorga al respecto bajo unos costes altísimos y en detrimento de un ente centralizador como Garbiker en donde el poder de decisión pública será cada vez más limitado. La participación de Vivendi en el accionariado del proyecto guarda mucha relación con la progresiva fusión y descentralización de los servicios de gestión de aguas y basuras en manos privadas. Desafortunadamente este modelo de gestión económica y medioambientalmente insostenible tiende a extenderse a otros territorios, como en el caso de Guipúzcoa, sin que aún se haya analizado la pertinencia y viabilidad de planes de gestión de RSUs basados únicamente en las 3 ERRES (Reducción, Reutilización, Reciclaje). Abrir incineradoras, no adoptar medidas para reducir la generación creciente de basuras, obviar la recogida y el reciclaje selectivo de la materia orgánica o cerrar plantas de triaje sí que son medidas bastante ineficientes. Y si no, ojo al tiempo. La inversión necesaria para la construcción de la planta incineradora de Erandio es de unos 32.000 millones de pts., de los cuales sólo 3.000 millones son para la depuración de los humos de incineración. Esto supone que cada habitante de Bizkaia debería aportar unas 27.000 pts. (en forma de dinero público) si no se consiguiese una financiación privada para el proyecto. Esta financiación privada se presenta bastante difícil tras la marcha del grupo alemán RWE al comprobar la verdadera cara del proyecto. Otro aspecto económico básico en una incineradora son sus altos costes de funcionamiento. En concreto los gastos de explotación de la planta de Erandio (mantenimiento, compra de combustibles auxiliares, etc...), suponen unos 5.000 millones anuales, con una repercusión de unas 4.200 pts./habitante/año si finalmente la financiación y explotación del proyecto fuese pública. Por otra parte la entrada en funcionamiento de la incineradora de Erandio, con una capacidad para quemar 460.000 Tm de basura anuales, impedirá el reciclaje de cualquier tipo de residuo (especialmente los combustibles, como papel, cartón y plástico) durante los 20 años que permanezca en funcionamiento, con el consiguiente perjuicio económico para todo el sector del reciclaje. Además debe trabajar al máximo de su capacidad todo el tiempo que sea posible, puesto que los consumos de combustible durante las fases de arranque y parada son altos. Hay que tener en cuenta que éstos son los datos teóricos previstos, y que en ellos no se tienen en cuenta aspectos como la posibilidad de que las escorias y cenizas sean residuos tóxicos y peligrosos. Dado que en la incineradora se producen entre 15 y 20 Tm/hora de escorias, su traslado y vertido en un depósito de seguridad (el más cercano está en Valladolid) y no en el vertedero que se prevé en la actualidad podría suponer un sobrecoste anual añadido de miles de millones, lo que haría inviable el proyecto aún contando con los ingresos por la venta de la electricidad producida. Además el pozo de los costes no tiene fondo. Si el proyecto ya es caro con todo lo enumerado hasta ahora, se debe tener en cuenta que hoy en día la incineración en España sólo cuesta entre 4.000 y 7.500 pts. por cada Tm de basura quemada, mientras que en Alemania ya vale 16.600 pts./Tm, puesto que allí han comenzado a asumir los costes para la salud y el medio ambiente de esta forma de tratamiento de las basuras, algo que todavía no ha llegado aquí.
e.-medio ambientales SALIDAS DE LA INCINERADORA Desde el inicio de la incineración como técnica para deshacerse de los residuos, se pensaba que este sistema era la panacea y la solución definitiva, y no fue hasta 1977 que se empieza a cuestionar esta perfección. Los primeros contaminantes procedentes de plantas incineradoras se comienzan a detectar en aquellas plantas que queman las basuras de procedencia urbana. Rápidamente este hecho es extrapolable también a aquellas plantas incineradoras de residuos procedentes de las industrias. Después de unos cuantos años de estudio intensivo de este tipo de instalaciones desde el punto de vista científico y técnico, de grandes congresos y seminarios dedicados única y exclusivamente a este tema, y de comenzar a aparecer los primeros síntomas y efectos de estas plantas de incineración, los científicos de todo el mundo se pusieron de común acuerdo en los siguientes puntos: n Las incineradoras de residuos emiten contaminantes tóxicos. n Hay efectos a largo y corto plazo sobre la población expuesta. n Estos efectos se conocen muy poco dado que existe una falta de información muy grande. n La mayoría de las veces, los mecanismos de formación de estos tóxicos no son conocidos. Chimenea: Salen los gases y partículas. En primer lugar haría falta hablar de los gases propios de toda combustión, como son el dióxido de carbono (CO2) y el vapor de agua. También haría falta hablar de los gases propios de la combustión de plásticos y de otros residuos que contienen azufre y nitrógeno, como son el ácido clorhídrico (HCl), el dióxido de azufre (SO2) y los óxidos de nitrógeno (NOx). Los metales también ocupan un lugar de suma importancia, ya sea en forma de gas o de partículas; y finalmente los compuestos orgánicos. Dependiendo de la altura de la chimenea y de la meteorología, estos contaminantes se pueden esparcir a más o menos distancia alrededor de la planta incineradora. Escoria o cenizas: Contienen una concentración muy alta de ciertos contaminantes, lo que hace que no puedan ir a un vertedero convencional, sino que se ha de garantizar un seguimiento estricto, constante y temporalmente largo del lugar donde son depositados. Los tres tipos de contaminantes que emiten las incineradoras: 1. Residuos no combustionados: Son aquellos que a las temperaturas de combustión de las plantas incineradoras no se pueden quemar. 2. Metales: Pueden ser emitidos por la chimenea en forma de gas y de partículas, destacando sobremanera la presencia de plomo, arsénico y cromo. Se considera que un 53% de lo metales son emitidos en forma de gas, y el resto en forma de partículas. Además, también se encuentran en la escoria, cosa que hace que ésta tenga grandes concentraciones de metales pesados. 3. Productos de combustión incompleta (PCI): Una vez las moléculas orgánicas fragmentadas salen del horno crematorio a temperatura relativamente alta, se pueden volver a recombinar entre sí, dando lugar a nuevas sustancias, según la EPA (Environmental Protection Agency - Agencia para la Protección del Entorno, de USA) más difíciles de romper y a menudo mucho más tóxicas que sus precursoras originarias. Un estudio realizado por la EPA en ocho plantas incineradoras mostró que se podían identificar los siguientes productos de combustión incompleta: benzeno, cloroformo, tetracloroetileno, naftaleno, formaldehido, fosgeno, dioxinas y furanos. Pero estos compuestos nada más representaban entre el 1 y el 10% de los hidrocarburos que salían en forma de gas por la chimenea, por lo tanto, todavía quedaba un 90 a un 99% de hidrocarburos por identificar. También haría falta remarcar que alguno de estos compuestos y en concreto las dioxinas y furanos son cancerígenos, teratógenos y mutágenos, con el agravante de que todavía se ignora cuales son los mecanismos de reacción que los producen. Estos compuestos no sólo se encuentran en las emisiones atmosféricas, sino que también están presentes en las escorias, cosa que no las hace aptas bajo ningún concepto para la construcción de carreteras ni el rellenado de agujeros o vertederos convencionales.
f.-aspectos de salud
El fuego, tan viejo como la humanidad. La "más moderna tecnología" para hacer desaparecer lo que no interesa ver: la producción de más de un kilo de basura por habitante y día a la que hemos llegado. Ojalá fuera así de sencilla la solución. La materia no se crea, ni se destruye. Sólo se transforma. Esta sencilla ley física sirve para recordarnos que con la quema de cada tonelada de basura deberemos afrontar un volumen proporcional de 300 kilos de escorias y cenizas, ricas en dioxinas, furanos y metales pesados, además de la importante emisión a la atmósfera de estas mismas sustancias. En sociedades industrializadas como las nuestras, enfermedades como el cáncer han ido incrementándose hasta situarse, como en la Comunidad Autónoma Vasca, en el primer lugar de los factores de "pérdida de años potenciales de vida" y en la primera causa de muerte en las edades comprendidas entre los 35 y 64 años. El sistema inmunitario que se encarga de nuestras defensas, frente a las infecciones y algunos tipos de cáncer, se ve afectado por las dioxinas y otros productos químicos. Estas mismas sustancias, e incluso algunos metales pesados, tienen también efectos hormonales, como se ha comprobado recientemente, afectando a la fertilidad humana al actuar como disruptores hormonales, como estrógenos ambientales. La incineración de los residuos sólidos urbanos conlleva un riesgo añadido totalmente innecesario
1.- Los RSUs suponen un problema sanitario importante en nuestra sociedad. Un tratamiento inadecuado de los mismos puede suponer repercusiones graves para la salud.
2.- Frente a la incineración, considerada por la Comisión DGXI de la Unión Europea como el tratamiento de RSUs más caro y contaminante, deben adoptarse medidas más eficaces de minimización y reciclaje de las basuras.
3.- Al igual que el Área de Salud del Ayuntamiento de Bilbao o la misma Organización Mundial de la Salud (OMS), consideramos la incineración de residuos como una técnica contraproducente en relación con nuestro objetivo de velar por la salud de la población porque:
3.1.- La incineración de residuos supone, pese a la adopción de medidas restrictivas de control de las emisiones, la dispersión de sustancias como dioxinas, furanos y metales pesados, además de toda una serie de productos de combustión incompleta, nocivos para la salud.
3.2.- Algunos de los contaminantes atmosféricos producidos por la incineración pueden contribuir al agravamiento de enfermedades respiratorias, y otros como las dioxinas y algunos metales pesados, además de aumentar las posibilidades de contraer cáncer, pueden producir disfunciones hormonales y deprimir el sistema inmunitario humano. El carácter bioacumulativo de estas sustancias explica que puedan acumularse en el tejido adiposo e incluso transmitirse a través de la leche materna a los lactantes.
3.3.- La incineración distribuye por el aire, el agua y la tierra las sustancias tóxicas presentes en los residuos. La utilización de la atmósfera como un vertedero comportará, en definitiva, la dispersión de contaminantes al medio ambiente y su llegada a través de la cadena trófica a los alimentos y al ser humano.
3.4.- Además de estas emisiones, la incineración genera residuos con un alto contenido en sustancias tóxicas, como es el caso de las escorias y las cenizas. Estos vertidos al medio ambiente se incorporan a la cadena alimentaria y llegan a afectar a la salud humana.