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LOS ESCLAVOS DE LA GLOBALIZACIÓN | 1

Los gobiernos cierran los ojos ante la explotación laboral que practican ciertas multinacionales en el Sur

La mano de obra barata de los países del Sur, con obreros, niños en muchos casos, que llegan a trabajar en condiciones cercanas a la esclavitud, es el gran negocio de ciertas multinacionales.

La situación laboral de los países del Sur siempre ha dejado mucho que desear; pero, desde los años 60 y ante el aumento de la competitividad entre las multinacionales, ésta se ha agravado debido a la práctica de una nueva modalidad laboral: la subcontratación, a través de la cual las grandes empresas trasladan sus locales de producción hacia países del Tercer Mundo con la finalidad de ahorrar en el proceso de fabricación. Generalmente, se trata de lugares en los que producir resulta mucho más rentable, ya que son países que poseen una legislación social, fiscal o medioambiental menos costosa y en los que la mano de obra es mucho más flexible y barata.

Según Setem, una federación de organizaciones no gubernamentales especializada en temas de cooperación y desarrollo, mientras que en algunos países europeos el sueldo medio de un obrero cualificado está sobre las 1.200 pesetas/hora (unos 7,21 euros), en Marruecos es de 133 (0,8 euros), en Polonia de 65 (0,39 euros) y en Filipinas de 25 (0,15 euros). Esto deja ver claramente las ventajas de desplazar la producción.

En estos países, las condiciones laborales son muy duras. En algunos casos, los trabajadores se ven obligados a realizar horas extras que no son contabilizadas como tales, ya que son necesarias para alcanzar la producción mínima exigida. A todo esto, hay que añadir que estas fábricas no suelen cumplir unas condiciones mínimas en materia de seguridad e higiene porque, en muchos casos, estos países ni siquiera poseen una legislación que regule estos aspectos. Además, en estos países la libertad sindical no siempre existe.

En ocasiones, los trabajadores son forzados a trabajar para afrontar el pago de una deuda contraída anteriormente con el patrono, la cual, con mucha seguridad, nunca se llegará a eliminar.

Si estas condiciones ya son duras, especialmente alarmante resulta la situación laboral de niños y adolescentes, cuyo sueldo es mucho menor que el de los adultos, lo que contribuye al aumento de la explotación infantil y al desempleo en los mayores.

Las empresas también emplean otra forma de contratación, consistente en el trabajo a domicilio; esta modalidad hace que la empresa se libre de tener una plantilla y de pagar la Seguridad Social, el coste es menor y la flexibilidad laboral aumenta. Aunque, en teoría, no se trata de un trabajo ilegal, sí se suele contar con la ayuda de otros miembros de la familia para la realización de las tareas, entre ellos, los niños.

De todos es sabido que, ante las malas condiciones laborales de los países del Sur, la explotación de los trabajadores en las industrias está a la orden del día. Quizás el caso más sonado sea el de la marca Nike. Tal como afirma Setem, esta empresa internacional realiza el 99% de su producción en el Tercer Mundo, principalmente en Indonesia y China, donde emplea a unas 75.000 personas. Pero cuando compramos unas zapatillas Nike, menos del 0,18% de lo que pagamos va a parar al trabajador indonesio o chino que las ha fabricado.

La jornada laboral de estos trabajadores es de hasta doce horas diarias, por la que cobran un salario de 5.200 pesetas mensuales (unos 31,25 euros), lo cual equivale tan sólo al 30% de las necesidades vitales de una familia; si, por contra, el trabajador es un niño, el sueldo baja hasta las 2.300 pesetas (13,82 euros) al mes.

Las cifras del trabajo infantil

Según afirma un dosier informativo de Infomundi, Servicio de Información y Documentación sobre el Tercer Mundo creado por Medicus Mundi en 1996, "los niños trabajadores constituyen ya en Asia el 11% de la población activa (...), en África representan en torno al 17%, mientras que en algunas ciudades de América Latina trabajan hasta el 26% de los niños. Brasil presenta una de las tasas más elevadas: el 18% de los niños entre diez y catorce años".

El 65% de ellos, sobre todo las niñas, trabaja de seis a siete días por semana sin recibir ninguna paga por horas extraordinarias ni prestaciones sociales o de otro tipo que se conceden normalmente a adultos. La jornada laboral puede extenderse hasta las nueve horas diarias a cambio de recibir la mitad del sueldo de un adulto: "Tres dólares semanales en las fábricas de bombillas de Indonesia por 48 horas de trabajo. La misma cantidad en Zimbabue por 60 horas, en la recolección del café. Un dólar al día en las fábricas de alfombras de Nepal".
Entran en este mundo en torno a los diez años de edad, aunque ésta suele bajar notablemente en ambientes rurales.

América Latina

En Haití es muy frecuente la figura del restavek, que son "pequeños esclavos para todo". Allí se estima que hay entre 250.000 y 500.000. Estos menores suelen encargarse de tareas domésticas en condiciones muy cercanas a la esclavitud.

Se conocen datos de otros países de América Latina que demuestran que la explotación laboral está a la orden del día. Como se afirma en un informe emitido por la Oficina Nacional Administrativa (NAO, en sus siglas en inglés) de EE.UU., algunas fábricas situadas en México y cuyo propietario es Breed Technologies, de EE.UU., han sido denunciadas por sus trabajadores debido a las lesiones producidas por la exposición a sustancias químicas peligrosas y otros riesgos laborales, incumpliéndose las regulaciones de seguridad e higiene

Otro ejemplo lo constituye El Salvador, donde existe un salario mínimo que deben pagar los empleadores, pero que implica la obligatoriedad de cumplir con una cuota de producción fijada, lo que aumenta notablemente las horas que hay que dedicar a producir. También podemos citar a Colombia, donde se emplean niños para realizar trabajos en las minas de carbón, ya que su pequeño tamaño facilita la labor en los pasillos estrechos y bajos de las mismas.

Se conocen otros casos de explotación laboral en estos países, como el denunciado por Unsitragua, la Unión Sindical de Trabajadores de Guatemala, la cual resalta el caso del tesorero del sindicato de trabajadores guatemalteco de la empresa coreana RCA, Alexander Gómez, quien fue encontrado muerto a los cinco días de su secuestro, ocurrido en marzo de 1995.

En dos ocasiones, representantes de esta unión trataron de entrevistarse con el ministro de Gobernación, pero no obtuvieron respuesta por su parte. Ellos mismos denunciaron también el hecho de que no se enviara a ningún policía al lugar donde se encontró el cadáver de Gómez ni se interrogara a la última persona que lo vio con vida.

Pero éste no ha sido el único caso conocido de secuestro de sindicalistas en Guatemala. Lo mismo le sucedió, también ese año, a Débora Guzmán, líder del sindicato de trabajadores de la empresa textil L y L Modas. Guzmán, aunque fue drogada y amenazada de muerte durante su retención, no fue asesinada, sino que fue utilizada como moneda de cambio para que su marido, Félix González, líder sindicalista de Lunafil, abandonara su puesto. Lunafil era una empresa que cerró en 1994, dejando sin trabajo a 200 trabajadores. En esta fábrica, tanto trabajadores como sindicalistas venían sufriendo amenazas de muerte e intimidaciones de otros tipos, coincidiendo éstas con las protestas por el ilegal e injustificado cierre de la factoría.

Casos en Asia

Por otro lado, cuando grandes marcas se ven manchadas con denuncias de abusos con sus trabajadores, siempre suelen adoptar medidas destinadas a lavar su imagen ante los consumidores y la sociedad en general. Esto sucedió con Levi's, que anunció, en 1994, el cese de las relaciones comerciales con dos de sus proveedores en Bangladesh porque utilizaban como mano de obra a niños menores de catorce años.

Levi's propuso que los niños dejaran de trabajar, pero los patronos señalaron que éstos eran la única forma que sus padres tenían de ganarse el pan. Finalmente, Levi's aceptó que siguieran trabajando, siempre y cuando la empresa se hiciera cargo de la escolarización de esos niños y prohibiendo la contratación de otros. Sin embargo, no tuvieron la idea de contratar a sus padres en vez de a ellos para ocupar su puesto de trabajo.

En China se pueden localizar gran cantidad de fábricas donde las trabajadoras son explotadas, según un reportaje publicado por el diario El Mundo titulado Por qué sólo cuesta 'Todo a 100'. Las dagongmei (chicas trabajadoras) son jóvenes y adolescentes que producen sin descanso por un sueldo de 15.000 ptas. (90,15 euros) al mes, del cual se les descuenta la comida y los "gastos de alojamiento". Si estas chicas quebrantan las reglas internas o no rinden al nivel esperado, puede verse reducido su sueldo o los ocho días de vacaciones anuales.

La experiencia de Pun Ngai, una profesora de la Universidad de Hong Kong, quien decidió pasarse por una campesina para trabajar en una de esas factorías durante seis meses, demuestra la cruda realidad diaria de estas trabajadoras: la mayoría enfermaba por la falta de alimento, por agotamiento o envenenadas por los productos químicos con los que trabajaban.

Pero no es el único caso confirmado. La investigación de un periódico de Hong Kong descubrió en 2000 que los juguetes que McDonald's regalaba en sus promociones en este país eran elaboradas por adolescentes de entre doce y diecisiete años en una jornada laboral superior a dieciséis horas diarias, a cambio de 400 pesetas (2,4 euros) al día y una habitación compartida con otras quince chicas.

Son, en cambio, las fábricas de productos destinados al mercado de las tiendas de Todo a 100, ya sean gestionadas y explotadas por empresas chinas o de otros países, las que peores condiciones tienen. La presión para abaratar los precios es enorme, y detrás del negocio suelen estar compañías desconocidas que no tienen que cuidar su nombre. Su lema es producir mucho, barato y rápido, pero los accidentes entre las trabajadoras o los incendios son realidades cotidianas en estos lugares de producción.

La política de contratación de estos talleres no permite admitir a mujeres mayores de veinticinco años, aunque esta regla se olvida si la mujer en cuestión tiene hijos pequeños dispuestos a trabajar gratis. Esta situación laboral hace que aumente el número de jóvenes que terminan dejando las factorías para prostituirse, ya que afirman que "es mejor que trabajar en la fábrica".

La situación en China es especialmente desesperante para las víctimas de los abusos porque el Gobierno mantiene la ilegalidad de los sindicatos y las asociaciones de trabajadores.

En Africa

Pero ningún rincón del planeta se libra de este freno para el desarrollo que supone la explotación laboral. La realidad no es muy distinta en el continente africano, donde, además, el 17% de la población activa la componen niños de entre cuatro y quince años.

Tal es el caso de Costa de Marfil, que niega la existencia de esclavitud infantil, afirmando que esta denuncia constituye una estrategia para desprestigiar al país, uno de los más prósperos de África Occidental. Y es que, aunque cuente con una renta per cápita de 700 dólares (767,54 euros), el reportaje realizado para el diario El País por Ignacio Carrión titulado Desde el corazón de un niño esclavo deja al descubierto un mercado en el que se pueden adquirir niños por unas 8.000 pesetas (48,08 euros). Estos niños son llevados hasta los patronos mediante engaños y falsas promesas de encontrar un buen trabajo.

Así comienza un infierno del que es prácticamente imposible escapar. El patrón pone unas condiciones inalcanzables, y es que si la cosecha no se vende bien, "no podrá pagarles el sueldo anual -unas 28.000 pesetas [168,28 euros]- y habrán de quedarse un año más (...). Su sueldo, si alguna vez lo cobran, es cada día más bajo. Les ha dicho el patrón que les quitará la comisión pagada al traficante. Además, cuando se pegan un tajo con el machete, y esto es muy fácil que ocurra, el patrón anota lo que le cuesta una venda. También descontará la venda del sueldo anual. Y si caen enfermos, todavía es peor. Cada día que no trabajan, su dinero mengua".
Los adultos no lo tienen mejor en lugares como Lesotho, donde "los trabajadores del textil a menudo son encerrados en sus fábricas y no pueden abandonarlas antes de cumplir con su cuota de producción (...), que les lleva a prestar hasta dieciocho horas diarias".

Abusos en España

También en España se producen graves abusos por parte de las grandes empresas. Un antiguo empleado de Zara en A Coruña, empresa del grupo Inditex, denuncia en el número de junio de 2001 de la revista digital El militante "coacciones a los trabajadores, abusos de poder, ritmos salvajes de producción o jornadas de trabajo interminables". También afirma que no sirvieron de nada las distintas denuncias presentadas y las movilizaciones provocadas por el descontento de los trabajadores no tuvieron continuidad en el tiempo, lo que junto a la contratación temporal, no ayudó a cambiar la situación.

La ONG Setem ha decidido comprar 120 acciones de Inditex con el objetivo de "exigir mayor transparencia en las condiciones sociolaborales de la multinacional". El grupo Inditex, ha manifestado que valora positivamente esta decisión, defendiendo en todo momento su intención de mejorar.

El trabajo infantil en España

El trabajo infantil no es una lacra que afecte sólo a los países del Tercer Mundo. Según un informe realizado entre 1998 y 2000 por Unicef a petición del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, en España hay 170.000 niños trabajando.

En estas cifras no se incluyen los niños que ayudan en el negocio familiar, sino aquéllos que trabajan no menos de tres horas al día, cinco días a la semana.

De los niños escolarizados, hay unos 15.000 menores que trabajan en el negocio familiar, 10.000 trabajan en el campo, cuidando el ganado o en la pesca, 4.600 en talleres o fábricas, 2.000 en la venta ambulante... Pero, como denuncia la organización Save The Children, en España hay unos 70.000 niños que no asisten a clase.
Especialmente duro es el caso de menores inmigrantes que trabajan en los campos andaluces y extremeños, según denuncia el Sindicato de Obreros del Campo (SOC).

Del estudio, realizado entre 1998 y 2000, se desprende que las comunidades autónomas en las que más menores trabajan son Andalucía, Canarias, Extremadura, Murcia y Castilla-La Mancha.

Las cláusulas sociales

Las cláusulas sociales son una serie de reglas de comportamiento que deben cumplir los países y empresas exportadoras para mejorar las condiciones de sus trabajadores basándose en convenciones adoptadas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

En estas cláusulas se incluyen algunos derechos fundamentales de los trabajadores, tales como la libertad de asociación, el derecho a la negociación colectiva, la exigencia de una edad mínima para trabajar, la prohibición del trabajo forzoso...

Con la adopción de estas reglas se pretende que, si no se cumplen, se establezcan unos mecanismos que sancionen económicamente a quienes las infrinjan.

Generalmente, los Estados y empresarios del Sur están en contra de las cláusulas sociales. Tal como afirma Setem en su publicación Tejido con dignidad, los estados, por un lado, temen que la verdadera intención de los países del Norte sea establecer medidas proteccionistas para sus propios productos. Por el otro, adoptan esta postura porque sin trabas legales ni sanciones pueden permitirse pagar menos a sus trabajadores.

 

olo